Desde el martes estoy de regreso en The Cocktail, luego de un largo tiempo trabajando en un cliente (2 años). Y de regreso en Madrid, en la city.
El cambio me ha transformado de nuevo en usuario del transporte público, de los restaurantes de la zona, de los libros en el tren y de mi querido iPod que me acompaña ahora durante la hora y cuarto que tardo en ir de casa al trabajo.
Y, como antes, sigo impresionado por las pequeñas tonterías que podrían hacer que todo fuese más fácil para el ciudadano de a pie (literalmente):
- No concibo que el abono de transportes siga teniendo un tamaño mayor que el espacio disponible en la mayoría de las carteras. Ni que esté escrito a mano por el dueño de estanco de turno. Tenemos DNI electrónico, pero mi abono de transporte es un cartón plastificado que tiene un bolsillito para meter el billete.
- La señalética del metro y -peor aún- de las estaciones intercambiadoras (metro-tren) es lamentable. Todavía no consigo salir a la calle por la puerta que quiero. El miércoles estuve 10 minutos dando vueltas por los subterráneos.
- Doy gracias a Dios por no tener problemas físicos, porque invariablemente las escaleras mecánicas y ascensores están estropeados o simplemente no existen, en muchas estaciones.
Digo yo que algún día habrá alguien en esos cargos directivos-ministeriales concejálicos-administrativos que tendrá un mínimo de sensibilidad y apreciará el diseño que sirve a las personas y se pondrán soluciones a estos problemas. O no…
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One Comentario
Querido amigo y hermano, respecto a tu comentario del transporte publico en las lejanas tierras de España (lejanas para mi) debo decirte que sueño con algun lejano dia tener un transporte publico que nos permita a los habitantes de Santiago de Chile dejar el automovil en casa y poder viejar en forma decente por la ciudad, para que decirte las personas discapacitadas. Es por esto que aunque tengas todos los problemas descritos en tu articulo, da gracias a Dios.
un abrazo
Javier Rbuio