Hace unos días fui parte de una relación surrealista entre un cliente y el servicio de atención telefónica de Ya.com. El cliente era yo, para más señas.
Hace un par de días, el sábado, me llega un mail de Ya.com diciéndome que se han actualizado las líneas que llegan a mi casa y que me ofrecen un ADSL de 20Mb por menos dinero del que estoy pagando actualmente. Que si lo quiero, que llame al teléfono que me indican y que me actualizan el plan. Genial, pienso. Llamo y una grabación me dice que sólo atienden de lunes a viernes.
Primer error: si sólo atiendes consultas en días de semana, no me mandes el mail en sábado.
El lunes, me acuerdo del tema y llamo. Me atiende una telefonista muy amable que procede a apuntarme en la promoción y me dice que dentro de poco notaré cómo se va incrementando la velocidad de acceso y me disminuye la factura. Casi a punto de colgar, se me ocurre preguntarle: “Oiga ¿no sabrá usted cuándo van a ofrecer servicio de TV por el ADSL, ahora que ya es ADSL2+?” Atónito, escucho que me dice que ya está en funcionamiento y que lleva un tiempo. “Si me lo hubiese pedido antes de hacer el cambio, lo podríamos haber gestionado inmediatamente, pero ahora ya no puedo”, asegura.
Segundo error: no esperes que el cliente te lo pida. Si es un valor añadido, ofréceselo antes. Sobre todo si tus sistemas son tan lamentables como que no puedas anular una petición recién hecha y hacer otra sobre la marcha.
Digo que la oigo atónito, porque hace meses que entro en la web de Ya.com buscando alguna noticia al respecto y no hay nada. Es más, mientras estaba al teléfono, seguía buscándola sin éxito (ver imagen que acompaña esta entrada). Así se lo digo y ella contesta “Pues ya es raro, porque mucha gente llama para pedir el servicio… voy a ver la web”. Espero. “Bah, pues es verdad; yo tampoco la encuentro”. Atónito ya es poco. “Qué raro,¿no señor?”, dice. Me pongo a mirar por si hay una cámara oculta o algo parecido. Estoy alucinando.
Error número tres: no admitas la ineptitud frente al cliente, en cambio, ofrece soluciones. Jamás des la impresión de ser un chiringuito… aunque lo seas.
Le pido que me cuente en qué consiste el servicio y mientras ella habla, pincho aleatoriamente en enlaces, del pie de la página sobre todo y de pronto me encuentro con una tabla de precios donde sí se habla de TV. “Espere – le digo- ya lo he encontrado”. “¿Ah, sí? Dígame por favor señor dónde está, porque me viene bien”. Ya pensando que esto es parte de un cuento, me encuentro indicándole al servicio de atención al cliente, dónde están sus ofertas de servicio y los precios que tienen. Y pagando yo la llamada al 902, claro.
Impresionante: la oferta es buena en cuanto a contenidos, hay que pagar un precio extra (ellos ganan más) y es conveniente que se sepa que tienen el servicio. Pero hay que tener mucha suerte para poder encontrar la información y, además, su servicio de atención a clientes no conoce su propia web.
Vaya por delante que estoy contento con el servicio que me dan y que creo que es el mejor proveedor de ADSL actualmente, al menos en Madrid, pero eso no quita que haya días en que me parece que el mundo va del revés.