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Aplicaciones para ser feliz

Viernes, Marzo 16, 2007
 
El otro día comentaba en el trabajo que hay aplicaciones, que de bien hechas que están, como que obligan a hacer las cosas mejor. A mí me pasa sobretodo con programas que tengo en el Mac.
 
Por ejemplo, Omnigraffle. Es un software que está tan bien diseñado, que cuida tanto la experiencia de usuario, que es difícil hacer algo feo con él. Es más, hasta apetece dedicarle más tiempo al trabajo que se está haciendo.
 
 Keynote, para presentaciones, es otro ejemplo. Cuando trabajo con él es un placer: las presentaciones quedan bien, la interfaz es cómoda y la sensación general es muy satisfactoria. Cuando, por el contrario, tengo que utilizar el Powerpoint, estoy deseando acabar pronto y rogando que no falle nada. Lo mismo me pasa con Visio, en contraposición a Omnigraffle.
 
Es curioso constatar cómo un buen diseño puede hacer que una tarea, en principio molesta (trabajar), pueda transformarse en una actividad placentera y que, además, incite a hacer las cosas mucho mejor. La calidad llama a la calidad. Yo es que me siento hasta culpable si hago un entregable feo usando estas herramientas.
 
Y me puse a pensar en qué aplicaciones son las que prefiero para trabajar. Un poco para constatar que cuando utilizo lo que me gusta, trabajo mejor y soy más feliz. Rápidamente, puedo decir que en Mac yo soy de Omnigraffle, Keynote, Fireworks, ThinkFree Office, iMovie, iDVD, Disco, Transmit, TextMate, Firefox y Mail. En un PC me decanto por Fireworks, Picasa, SmartFTP, e-TextEditor y OneNote. Todas las demás, las uso por obligación.
 
Y a ti ¿Qué aplicaciones te hacen feliz y tabajar mejor?

Diseños que aguanten el paso del tiempo… O no.

Martes, Enero 30, 2007

Una discusión bastante frecuente en este entorno, es sobre el diseño de los productos que creamos, en cuanto a perdurabilidad. Hay quienes defienden que un buen diseño de producto debe ser algo atemporal, que siga siendo efectivo pasados los años y que “no canse”.

Yo estoy de acuerdo. Un poco. Porque creo que no se debe separar el diseño del producto del medio en el que está inscrito. Es decir, coincido con esa afirmación cuando se trata de un libro, un mueble o un reloj. Pero no estoy de acuerdo cuando se refiere a aplicaciones, interfaces de usuario o websites.

Los productos que diseñamos son, por esencia, efímeros. Al menos en su aspecto estético. Nadie espera que una página web se mantenga inalterable durante muchos años. Y cuando sucede algo así, los usuarios lo notan. Basta ver lo que ha sucedido con Windows, que ha tardado cinco años en renovar su aspecto y precisamente esto es lo que más ha destacado la opinión pública.

Por eso disiento cuando alguien comenta que hay que evitar ciertos recursos estéticos. ¿Por qué? ¿Qué hay de malo en hacer productos que se vean “actuales”? Es muy Web 2.0… Sí, lo es. Y mañana será 3.0 y se llevará otro estilo. No pasa nada. Ojo que no estoy defendiendo modas, ni productos que son tan parecidos entre sí que ya ni se distinguen unos de otros.

El mercado de los coches lo tiene claro desde siempre y eso no hace que los productos sean peores, o que su diseño sea erróneo. He visto ya tres o cuatro revisiones de diseño de iTunes y no afecta en nada mi experiencia de usuario. Es más, siento que la mejora, porque me da la sensación de que el producto está vivo, que hay un equipo detrás mejorándolo constantemente.

Creo que buscar la perdurabilidad en el tiempo del diseño de una interfaz de usuario es un esfuerzo inútil. Y casi un oximorón, me atrevería a decir. Al contrario que en otros campos del diseño, cuando hablamos de interfaces de usuario, debemos diseñar para hoy, no para dentro de dos años. Cuando llegue el momento, lo actualizaremos. Con esa misma agilidad que caracteriza al producto que hemos creado.

Para hoy, para hoy. Que igual diseñamos para un mañana que ni siquiera sabemos si llegará.

Respuesta a Juan José Millás

Viernes, Noviembre 17, 2006

millas_peq.gifEsta entrada es una respuesta pública a la columna de hoy de J.J. Millás en El País.
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Escribo la presente para contestar a la columna del señor Millás del viernes 17 de noviembre del presente año, titulada “Utilidades”. En ella, don Juan José, habla -y opina- sobre la usabilidad y los profesionales que se dedican a ella, con una ligereza que abruma.

Señor Millás, que no se le suba la fama a la cabeza y se crea con autoridad para opinar sobre lo que quiera, sin estar informado. La ignorancia se nota mucho y es peor ser un ignorante público que un cauto desconocido.

La usabilidad, más allá de la discusión bizantina sobre si el nombre es correcto o no -ya lo dirá la RAE cuando lo estime conveniente, tal como hizo con “internet” o “cederrón”-, es una disciplina que lleva ya varios años en el campo del diseño de productos. Y no se trata de un grupo de personas que “exigen el advenimiento de abrelatas sencillos” como dice usted. La usabilidad, al igual que la ergonomía, es una disciplina que estudia el comportamiento humano y establece directrices para que los productos cotidianos (desde un coche hasta un bolígrafo, pasando por programas informáticos y páginas web) sean simples de usar. Para que usted, cuando escriba su columna usando el ordenador de turno, no pierda tiempo en entender cómo se escribe o cómo envía el artículo a la redacción del periódico, por ejemplo. Y que luego, desde la comodidad de su casa, pueda ver en su banco cuándo le han ingresado el pago por esta columna.

Decir que la Asociación Profesional de Usabilidad tiene “poco horizonte” porque relega su ámbito de actuación al mundo de los objetos, es pecar de lo mismo que se le acusa. Es como quejarse de que la arquitectura se centre en los edificios y casas, en lugar de preocuparse por salvar a las ballenas. Don Juan José, no sea usted corto de miras. La usabilidad no se dedica a preguntarse cómo solucionar el problema de la pobreza, porque no es esa su finalidad. Y desde ya le aseguro que tampoco tiene entre sus planes buscar la cura para el cáncer, así que abandone sus esperanzas al respecto, si es que las tenía.

No, señor Millás. Usted no ha dedicado ni un segundo a entender de qué estaba escribiendo. Porque opinar es fácil, más todavía cuando se tiene una tribuna como la suya, desde la que se puede pontificar sobre lo que se sabe y lo que no. Ha querido ser ingenioso, irónico, ocurrente y ha acabado escribiendo una columna llena de chistes fáciles, imitaciones nerudianas baratas (“¿Por qué hay decálogos a los que les sobran diez puntos”) y digreciones semánticas estériles.

Lo que usted no se ha parado a pensar, ni a informarse, es que gracias a la labor de quienes desarrollamos esta disciplina se ha tomado conciencia, entre otras cosas, de la necesidad de que internet pueda ser utilizado por personas con discapacidad. O que las salidas de emergencia sean simples de abrir y evitar así muertes innecesarias, que un anciano pueda operar un teléfono móvil, que cualquiera sea capaz de usar una cámara de fotos para guardar un recuerdo, que cuando se cruce un chaval delante de su coche usted encuentre el freno rápidamente y que un hijo pueda conversar con su padre desde la otra punta del mundo.

La usabilidad es mucho más que eso. Y, aunque usted no lo vea, contribuye a hacer que este mundo sea un poco más simple, agradable y accesible para todos.

Buenos días.

Tolerancia a los fallos: el mundo al revés.

Viernes, Noviembre 3, 2006

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a una idea: somos más tolerantes con los fallos de la tecnología que los de otros productos o servicios. Y me refiero a nosotros como usuarios, no como creadores o diseñadores de productos.

Todo viene porque un día Alberto, feliz con su flamante Qtek S200 nueva, me comentó: “Ayer pasé cinco horas para conseguir sincronizarla con el Outlook, pero ahora va que te mueres. Es genial”. ¡Cinco horas para una función básica del producto!

Sincronizar con el programa de correo y agenda es vital para una PDA, una de las funcionalidades que no pueden fallar. ¿Qué pasaría si hubiese sido un coche? Me imaginaba a mí mismo con un coche nuevo, cinco horas tratando de hacerlo arrancar. Me veía teniendo que abrir el capó, cambiando algunos cables de sitio, consultando foros de usuarios para descubrir cómo hacerlo y consiguiendo actualizaciones de una bujía específica para hacerlo funcionar. Ni en broma.

Lo más seguro es que al cabo de una hora hubiese ido al concesionario (en taxi, claro) a reclamarlo y pedir que me lo cambiasen por otro. Pero en el caso de la tecnología, somos capaces de perder nuestro tiempo investigando, aprendiendo hacks que no deberíamos necesitar, dándonos de alta en foros que no nos interesan y todo para conseguir que lo que hemos comprado (y pagado bien, todo sea dicho) finalmente funcione ¡Y al día siguiente somos capaces de decir que el producto es una pasada y que funciona de muerte!

¿Por qué? ¿Por qué como usuarios perdonamos fallos que nunca aguantaríamos en otros productos? No creo que sea porque seamos especialmente afines a la tecnología. Yo soy muy aficionado a la cocina, pero si una batidora no funciona bien, voy y la cambio por otra, pongo una queja o lo que haga falta, pero jamás me pasaría horas investigando para arreglarla yo mismo si está recién salida de la tienda.

¿Es acaso normal que nos hayamos habituado a usar defragmentadores, programas antivirus y parches varios?

Como usuario, la verdad es que no lo entiendo. Y como diseñador de experiencia de usuario, menos aún. Una página web que no funcione bien la abandonamos al instante y puede que nunca volvamos. Curioso: lo que no nos cuesta un duro como usuarios es imperdonable, pero en lo que nos dejamos medio sueldo, somos capaces de hacernos hackers para que funcione.

¿No es un poco el mundo al revés?

En la prensa…

Lunes, Septiembre 25, 2006


Así es, ayer domingo 24 de septiembre, aparezco en un reportaje sobre consumo del suplemento dominical del ABC, XL Semanal. En la página 26, para más señas.

La foto que acompaña este post es la que aparece en la edición digital del reportaje, que os invito a leer.

Así que ya sabéis. Consumidor crónico es un “early adopter

¿Tendencia, moda o simple copia?

Miércoles, Julio 12, 2006

copia 2.0Estamos teniendo un interesante debate estos días en La Gran Corporación, sobre las “tendencias” en diseño.

Todo surgió porque se me ocurrió enviar un mail, preguntando si era yo el único con la sensación de que últimamente todo lo nuevo en web se parece mucho. Como si todo estuviese diseñado por la misma gente, lleno de brillos, esquinas redondeadas, colores fuertes…

Por ejemplo, el nuevo servicio Trip Planner de Yahoo! Travel… ¿No os recuerda un poco a todo lo que está apareciendo últimamente? ¿No es muy 2.0?

Mi impresión es que hay poca originalidad y no creo que eso sea bueno. Vale que existen tendencias, pero creo que una cosa es una tendendencia y otra, la moda. Y creo que la moda, en diseño de productos o en diseño de interfaces es mala. Sobre todo cuando hablamos de webs. Vamos, si hasta hay quien se ha currado tutoriales para diseñar al estilo 2.0.

Una cosa es que se parezcan en cuanto a funcionalidades, operativa, patrones de interacción… pero otra es que estéticamente todos parecen hechos por la misma persona. Y ahí es donde no estoy de acuerdo. Cada site, herramienta, aplicación, tiene su propia personalidad y eso es muy importante. Además de enriquecedor, claro.

Aplaudo que se rescate lo que funciona y comparto la idea de que no hay que reinventar la rueda; pero siento que tenemos la responsabilidad no de copiar lo bueno, sino de mejorarlo.

Los usaurios

Lunes, Julio 10, 2006
usaurio

Los usaurios son aquellos usuarios que corren serio peligro de extinción, porque quienes tenemos que hacerles las cosas más fáciles, nos ponemos modernos y les presentamos un ambiente hostil.

Creemos que lo que a nosotros nos gusta, a nuestros usuarios también. Creemos que van tan rápido como nosotros y que a estas alturas nadie puede tener problemas ya con seguir un enlace o abrir un PDF, y que es hora de innovar y llenar de funcionalidades guapas nuestras aplicaciones.

En la desconferencia se habló tangencialmente de esto (lo sé porque he escuchado los podcasts), al mencionar que “tú no eres tu usuario” (Astudillo dixit)

Y ahora, los de 37signals lo han comentado en su blog Signal Vs Noise (gracias Furilo por la referencia). Comentan el caso de su aplicación Basecamp, que se caracteriza por su facilidad de uso y porque provee las herramientas básicas de gestión de proyectos. Dicen que han recibido pedidos de que amplíen las funcionalidades para adaptarse a las nuevas necesidades de sus cliente, de que añadan algunas “pijaditas” y se niegan. ¿Por qué? ¿Porque son arrogantes? No, no sólo por eso ;-) sino porque saben que entonces la aplicación dejará de tener sentido precisamente para esos usuarios que la eligieron por ser simple.

The problem with following the complexity curve of your customer’s own businesses and requirements is that eventually your product becomes so complex that the barrier to entry is too high for new customers. And then eventually you die with your current customers. (Jason Fried)

Una verdad como una casa. Una verdad que es muy difícil de mantener y de poner en práctica. Ahora que las llamadas RIAs (Rich Internet Applications) nos dejan el campo libre para hacer cosas impresionantes, que la web 2.0 desembarca con su cargamento de modernidad y que es imprescindible ser cool a base de alardes de interacción, hay un riesgo enorme de olvidarse de los usuarios normales. De esos para los que originalmente diseñamos la aplicación.

No estoy diciendo que no hay que innovar, ni que no tengamos que desarrollar RIAs, sino que hay que ser más fieles a tus usuarios que a tus desarrolladores. Si has hecho una aplicación para gente normal, con poca experiencia y lo que has buscado es ser lo más simple posible, mantén esa filosofía. No te olvides de que es muy probable que muchos de ellos recién estén acostumbrándose a interactuar con patrones tan simples como subir un fichero. No pretendas que de la noche a la mañana se conviertan en usuarios avanzados de Writely o que sepan montarse sus galerías en Flickr, porque los perderás. Los condenarás a la extinción.

¿En tu empresa tienes la capacidad de hacer aplicaciones complejas, con interacciones vanguardistas y crees que hay público para ello? Adelante, hazlo, pero teniendo en cuenta a esos usuarios avanzados y no queriendo cambiar a “los de a pie”.

Y tú… ¿diseñas para usuarios o contribuyes a la creación de usaurios?

¿Es importante lo que estamos haciendo?

Martes, Julio 4, 2006

La desconferencia ha traído cola, como era de esperar. No sólo por los temas que se trataron, ni por el interés que ha despertado en todos… sino por el mismo hecho de haberla realizado.

Se habla, se comenta, todo el mundo ha quedado encantado y la experiencia ha sido fenomenal. Yo no estuve, como comentaba en el post anterior, pero he ido siguiendo lo que se dice en estos días post-descon:

Javier ha abierto el debate planteando que a lo mejor somos “la generación de la desconferencia”, aludiendo al hecho de que se ha dado un paso importante en la historia del diseño de interacción aquí.

Luis, recogía el testigo y comentaba sus impresiones sobre el evento y comentaba el hecho de que seguramente muchas empresas no sean conscientes de la importancia que tiene que sus empleados hayan destinado todo un sábado en participar de algo así. En plan íntimo decía “en todo este tiempo, y van para casi diez años, la Desconferencia, ha sido un hito personal”.

Juan aseguraba: “creo que esta primera desconferencia ha marcado un antes y un después”

Ale clasificaba ese sábado como “uno de esos días que mereció la pena vivir”.

Al leer cosas como estas, no me cabe más que preguntarme si es que realmente es para tanto. Si de verdad hemos hecho algo importante, si estamos aportando algo. Y creo, sinceramente, que sí. No sé si mañana seremos recordados como una “generación” o ni siquiera si seremos recordados, pero no me cabe duda de que estamos participando del desarrollo de un oficio -o profesión- que nos apasiona. Y eso debería bastarnos.

La Desconferencia es un paso, un avance MUY importante y todos quienes han estado allí deberían sentirse orgullosos de ello.
No vamos a cambiar el mundo, no, pero puede que consigamos remover un poco el ambiente, que muchos que sienten interés por estos temas vean que hay que hacer cosas, tomar iniciativas, ser proactivos.

Como decía en un comentario al post de Luis, me parece que el haber participado de este evento es algo que todos deberían poner en sus respectivos currículums. Esto sí que es interesante, esto sí que dice mucho de quien está detrás de ese CV. Sí, puede que las empresas aún no lo valoren, que ni siquiera se den cuenta de que es TAN importante que un empleado tuyo dedique su tiempo libre a este tipo de actividades, pero poco a poco lo irán haciendo. Porque es mucho mejor un empleado apasionado por su trabajo que uno lleno de masters y postgrados. No hay color.

Yo cuando leo lo que se ha escrito sobre la desconferencia, converso con la gente en los cocktails de Cadius, veo el revuelo que causa un simple post, me entra una cosquilla en el estómago… Y es que en el fondo sé que estamos sentando bases de algo.
Sé que igual mañana mi hijo decide que quiere estudiar diseño de interacción y que puede que algún día, cuando nadie se cuestione siquiera la necesidad de que los productos e interfaces de usuario tengan un diseño adecuado a las personas, alguien se acuerde de que hubo una época en que esto no se daba por descontado y que unos cuantos locos dedicaron su tiempo libre a discutir sobre ello.

Usabilidad de serie, en empresas serias
(lo que os habría contado si fuese a la desconferencia)

Lunes, Junio 26, 2006

No podré asistir este sábado a la desconferencia, pero si lo hiciera, esto es lo que os contaría [1] (preparaos que es largo…):

Luis escribía en su excelente resumen de @media que no se oyó la palabra usabilidad en ningún momento y concluía que no es necesario hablar de ella porque debe “venir de serie” en cualquier desarrollo. Totalmente de acuerdo. Es más, esto es algo en lo que venía pensando hace tiempo ya, quizás desde que estoy metido en un mega proyecto que ya va para los dos años de mi vida (el proyecto es mayor, pero es lo que yo he estado en él), en una mega empresa.

En septiembre de 2004 me incorporé en las fases de definición en este proyecto enorme de una empresa de seguros muy, muy conocida. Y casi desde el inicio tenía la sensación de que algo no estaba bien cada vez que alguien mencionaba “usabilidad” en reuniones, mails o discusiones. El problema no era que se hablase de ello, sino que se utilizaba como si fuese un elemento más del producto, como una fase de trabajo… estaba al mismo nivel que la programación o el diseño de la lógica de negocio. Se pasaba del “diseño técnico” a la fase de “usabilidad” y luego a la maquetación. No me cuadraba, pero no sabía bien por qué. Ahora, gracias al comentario de Luis, acertadamente sintetizado por Javier (“La usabilidad viene de serie, señores”), lo he podido ver claro. ¡Eso es! Es que no se trata de aplicar una capa de pintura sobre una pared agrietada, es que la pared debe estar construida ya pensando en que no se va a llenar de grietas…

Recuerdo cuando a fines de los 90 tratábamos de convencer a los clientes de que debían pagar el trabajo de un consultor en usabilidad para que todo fuese bien y la incredulidad de muchos cuando decían “pero vamos a ver… ¿me decís que tengo que pagar más por algo que doy por hecho, es decir, que lo que vais a hacerme esté bien diseñado?” Y claro, había que explicarle que sí, que ese buen diseño implicaba varias actividades que no estaban normalmente contempladas en el proceso de diseño de una interfaz, hasta ese momento limitado al aspecto estético, y que por eso le saldría más caro.

Hoy, que ya hemos aprendido algo, no incluimos “usabilidad” como un aparte dentro de las propuestas comerciales. O al menos, no deberíamos hacerlo. Porque la usabilidad se da por descontada. Es lógico que las interfaces tienen que ser simples de usar, ser amigables y cumplir con todas esas características que tan bien enumerábamos en las presentaciones. La diferencia está en hacer un buen producto, no sólo un producto “usable”.

Volviendo al inicio de este texto, decía que aquí, donde consumo mis horas laborales, eso no acaba de entenderse aún. Y es que el equipo donde trabajo se llama “grupo de usabilidad”, y yo, soy el “especialista en usabilidad”. No pocos problemas me trae eso, porque para algunos soy una especie de Torquemada que tirará por tierra sus desarrollos e ideas geniales en las “auditorías” (palabra atemorizante por excelencia) que me encargan y para otros, un simple charlatán pinta-monas que contribuiré a que el proyecto salga más tarde y los programadores demoren más en hacer su trabajo. Y todo, para que al final salga un producto “que hace lo mismo que antes, pero más lento… con lo acostumbrados que estábamos a trabajar con el 3270 y las líneas de código”.

Y aquí es donde yo tengo que explicar que no se trata de complicarle la vida a nadie, que no es que no tengamos nada mejor que hacer ni que queramos retrasar los desarrollos. Sino que pensamos en los nuevos usuarios, que aprenderán más rápido; pensamos en los mantenimientos de las aplicaciones, que podrán ser hechos por cualquiera y no sólo por el programador original; pensamos en que las aplicaciones podrán ser escalables y que un equipo de desarrollo a miles de kilómetros de distancia podrá crear una, siguiendo las guías de estilo que hemos editado, etcétera.

Pero la dichosa palabrita se nos pega a la espalda y es un lastre. “Los de usabilidad”, “es norma de usabilidad”, “lo prohíbe usabilidad”, “usabilidad te va a auditar”… Así, es francamente complicado explicar que no, que lo que hacemos es diseñar buenas aplicaciones, buenos productos. Y que lo necesitan, igual que como necesitan un buen jefe de proyecto o un buen programador. Que el diseño del producto no es solamente un tema de costes y tiempos, sino de personas, de interacción de esas personas. Esa es la clave, la interacción.

Intento explicarles que lo que importa no es que la aplicación sea bonita, sino que funcione. Que los procesos sean lógicos, que los usuarios tengan aplicaciones que les solucionen los problemas, que se comporte como se espera.

Quizás haré como Luis y voy a intentar eliminar la palabra “usabilidad” de mi discurso. Me centraré en la interacción, en los procesos, en los tiempos (o “tempos”) de la aplicación. Y con ello, trataré de demostrarles que el buen diseño no está reñido con los proyectos ágiles.

Creo, sinceramente, que son precisamente las grandes corporaciones como esta, las que más necesitan de un trabajo serio en diseño de interacción, para que la “usabilidad” no siga siendo un añadido, sino algo de serie.

Como decía al principio, hace casi dos años que estoy trabajando en un proyecto en una empresa bastante grande de seguros, dentro del llamado Grupo de Usabilidad. La misión de este equipo de gente es participar en un gran proyecto de renovación de herramientas informáticas propias. Es decir, el software que hace que el negocio funcione.

Normalmente las grandes empresas, como bancos, aseguradoras, telefónicas y otras por el estilo, tienen sus propios departamentos de informática que trabajan haciendo desarrollos a medida de las necesidades. Es cierto que muchas veces se contratan estos trabajos a empresas externas, pero cada vez es más común que el trabajo se haga en casa. Por motivos básicamente prácticos y de confidencialidad.

Una empresa de seguros, por ejemplo, no encuentra en el mercado un paquete de software que pueda cubrir todas sus necesidades, dada la complejidad del negocio y las particularidades de cada empresa. Eso sin entrar en los intrincados vericuetos de la organización misma (estructura de administración, de ventas, de agentes, etc). Todo ello se traduce en mil y una pequeñas aplicaciones que se van creando a medida que se necesitan. Al cabo de unos años, lo que hay es un desorden absolutamente incontrolable y, lo que es peor, imposible de mantener.

Es en ese momento cuando puede surgir la iniciativa de hacerlo todo de nuevo. De recomenzar, pero contando con pautas estándares, siguiendo una metodología bien pensada y utilizando tecnologías comunes. Para que cuando sea necesario hacer algún cambio o mejora en el futuro, no cunda el pánico al darse cuenta de que el informático que “tenía todo el proyecto en su cabeza” se ha ido y nadie es capaz de meter mano en el código.

Ahora, este tipo de proyectos no son moco de pavo. Plantearse algo así en una empresa con miles de empleados y oficinas por medio mundo, es algo gordo. Muy gordo. Significa pensar en un proyecto que puede –y seguramente lo haga- durar algunos años. De ahí que la planificación y definición juegan un papel fundamental.

En el caso que nos ocupa, la empresa tomó la decisión de renovar sus aplicaciones por completo, migrándolas a un entorno web que permitiese una actualización y mantenimiento más sencillo, a la vez que poder asegurar una homogeneidad de estilo. Antes, cada aplicación adolecía de las “creatividades” individuales de los equipos de desarrollo que habían participado en ellas.

Dentro de este macro proyecto –curiosamente- se contempló la necesidad de contar con gente especialista en usabilidad. Ignoro quién tuvo la feliz idea, pero sin duda que fue una inspiración que ha valido la pena (no así el nombre del grupo).

Lo más interesante de todo este trabajo, más allá de estar en una de las corporaciones más grandes de España, ha sido el constatar la necesidad que tienen este tipo de empresas de tener equipos de diseño dentro.

Principalmente, la participación de gente dedicada al diseño de interacción puede asegurar que todo el proyecto tenga coherencia. Que todo lo que se haga sea homogéneo y que “respire” un aire familiar. Da igual cuántos programadores, jefes de proyecto, coordinadores o lo que sea, estén involucrados. El producto final, siempre parecerá hecho por los mismos. Algo que las grandes empresas de software han entendido hace mucho tiempo ya y que no sé porqué en otros mercados recién se está tomando conciencia de su importancia.

¿Se imagina alguien que los programas de Apple se comportasen todos de forma diferente o que tuviesen estilos visuales distintos entre sí? O el mismo Microsoft Office: si Word, Excel y PowerPoint, por ejemplo, usasen distintos botones, una distribución de menús propia de cada uno y los menús tuviesen diversos nombres para las mismas acciones, sería un caos. De hecho, nadie lo compraría. Pero parece ser que cuando se trata de los desarrollos propios de otras empresas, todo eso da lo mismo.

Un equipo de diseño involucrado desde el principio aporta precisamente eso, la tranquilidad de saber que existe un control de calidad y una definición de estilos y procesos que además, no choca con los principios de facilidad de uso y eficiencia. Que la usabilidad va de serie, en definitiva.

Si esto se hubiese tomado en cuenta desde el principio, si el “grupo de usabilidad” no hubiese sido un extra -compuesto además por personal externo-, se habrían evitado discusiones tan peregrinas como el correcto diseño de un formulario o la necesidad o no de tener mensajes de espera en las aplicaciones que hacen consultas complejas a la base de datos. Nadie pone en duda los dictámenes de un departamento de arquitectura de sistemas o el de metodología, porque están incorporados de base. Ya es hora de que el diseño de interacción lo esté también.

Creo que nuestra tarea, la de quienes estamos trabajando en proyectos similares en empresas grandes, debe ser también convencerles de que incorporen en su trabajo diario el Diseño, así con mayúsculas. Que dejen de verlo como el peluquero que se llama para tratar de arreglar a la novia en el último minuto. El diseño debe estar dentro, ser indiscutible, tener un papel fundamental. Que dejen ya de hablar y discutir sobre usabilidad, porque ya llevamos mucho tiempo en lo mismo como para no darnos cuenta de que si no se lleva puesta, no sirve de nada.

Cuando esto suceda en las grandes corporaciones, habremos dado el principal paso para dejar de hablar de ello. Habremos llegado al punto más alto en la curva de aceptación de un nuevo concepto o idea y podremos, por fin, dedicarnos a lo bonito: diseñar y solucionar los problemas de las personas.

[1]Propongo además, de este modo, la participación asíncrona para todos los que -por motivos personales, geográficos o simplemente estomacales- no podamos asistir.

Decálogo del consumidor crónico

Viernes, Abril 7, 2006


Como bien me dijo mi amigo Javier, no hay blog que se precie que no tenga un decálogo. Consumidor Crónico no podía ser menos, así es que me he propuesto hacer el decálogo del consumidor… impenitente.

1.- Un consumidor crónico disfruta tanto con el período pre-compra como con el producto. Incluso me atrevería a decir que muchas veces se disfruta más preparando la compra.

2.- Nunca jamás lanzarse a comprar algo porque nos han comentado que está bien sin más. La investigación previa es básica para hacer una buena compra.
Yo invierto muchas horas buscando por internet, caminando en tiendas físicas para comparar precios, leyendo todas las reseñas que haya y participando en foros especializados. Obviamente, el tiempo invertido es directamente proporcional al valor de lo que voy a comprar.

3.- Para disfrutar comprando no hace falta que el destinatario del producto sea uno mismo. Un consumidor de verdad también compra para otros o por encargo de otros. No se trata simplemente de gastar dinero, como podría creerse de forma un tanto banal. No, se trata de investigar, aprender y luego tomar decisiones correctas.

4.- Los compromisos de satisfacción del cliente están para usarlos. Muchas veces nos encontramos con que los vendedores de las tiendas tienen más bien poca idea de lo que venden… pues bien, ahí es cuando tiene utilidad el período que te ofrecen para devolver un producto, si no estás satisfecho. La máxima es “si no te explican bien, cógelo, pruébalo, aprende y devuélvelo”. Eso si no te ha gustado, claro. Si el producto es bueno, te lo quedas.

5.- No importa lo que compres, siempre debes estar seguro de que es lo mejor. Justo después de la compra comienza la fase de “auto-convencimiento” de la idoneidad. Lo que has comprado es lo mejor para lo que querías/podías. Esto es básico para no caer en un cuadro de culpabilidad :-)
6.- Nunca guardes tus conocimientos para ti. Comparte tu experiencia, acepta que te pidan consejo y ayuda a los demás a tomar decisiones acertadas. No todo el mundo tiene tanta paciencia como tú para investigar ni disfruta haciéndolo. No seas egoísta.

7.- Siempre hay un buen motivo para consumir. Sólo hace falta encontrarlo y convencerse de que es verdad. Y de paso, convencer a los que te rodean, claro. Con un poquito de creatividad veremos que la TV del salón no tiene una frecuencia de refresco conveniente a la vista, que un teclado bluetooth elimina los feos cables en la mesa, que una cámara con más megapíxels nos permite hacer ampliaciones de esas que “siempre hemos querido enviar a tus padres”, etc…

8.- El consumo crónico no es sinónimo de acumulación de cosas. Dicho de otra forma: quien más consume no es necesariamente quien más cosas tiene. Un consejo valioso es: cuando quieras algo nuevo, deshazte de algo viejo. Es decir, si puedes revenderlo e invertir ese dinero en lo que te vas comprar, mucho mejor.

9.- Las marcas sólo tienen utilidad cuando son sinónimo de calidad. Un consumidor no se deja guiar por el estatus que otorga una marca o porque “queda bien”. Hay marcas desconocidas que hacen grandes productos y marcas famosas que tienen cosas de pésima calidad.

10.- Esta es para que la rellenéis vosotros. Los comentarios están abiertos…